Padre Juan Pablo

El pasado 18 de mayo nos visitó el padre Juan Pablo.
Entre los veteranos de Esf, dices “Juan Pablo” y todos fijan su mirada en Fô-Bouré, el pueblo de la sabana de Benin donde ejerció como misionero durante los últimos 21 años, once de ellos hermanado con nuestra organización en la promoción de infraestructuras de agua y energía.
El Padre Juan Pablo López Mendía regresó el seis de mayo a su diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño (él pertenece al clero secular), una vez cumplida su etapa como misionero, siempre en ese pueblo de 3.000 habitantes de la comuna de Sinendé, departamento de Borgou, en el centro-norte del país, a 550 kilómetros de su principal ciudad, Cotonou, en el Golfo de Guinea.

Un testimonio de la Cooperación

Juan Pablo es mucho más que un amigo en la lejana África, más que un eficatísimo colaborador en nuestros proyectos benineses, que un pastor de almas entregado sin reservas a la promoción de sus feligreses (su parroquia tiene una extensión de más de 2.500 Km2, la mitad de toda La Rioja). Es, para nosotros, un testimonio vivo que condensa en su persona y da respuesta a nuestro ideario como ONG de Cooperación al Desarrollo.

Reunión de trabajo

Ahora que tenemos a Juan Pablo a cuatro horas en coche, Emilio Carnicero vio el momento de robarle unas horas de su bien ganado descanso –antes de estrenar nuevo cargo diocesano- y lo citó en nuestra sede. Se trataba de hacer inventario de logros, aciertos, infortunios y sinsabores, satisfacciones compartidas también y sacar provecho de todo ello, sobre todo, para mejorar la eficacia de nuestras actuaciones en el exterior. Fueron tres horas de reflexión, con un nutrido grupo de voluntarios del Área de Operaciones, block en ristre y un incesante aporreo de preguntas.

Valor de las aportaciones locales

Juan Pablo, su semblante sereno, la palabra precisa, las ideas contundentes, habla con sello de urgencia. No especula: reclama soluciones, compromisos sin demora. (“En África existe el hoy y el mañana, no se sabe si habrá un pasado mañana”, dice). Nos ilustró sobre el enorme valor de lo pequeño; esto es, de la valiosa aportación manual o técnica de las comunidades beneficiarias de los proyectos, tal y como lo contempla la Doctrina Social de la Iglesia, que postula el principio de subsidiariedad: no recurrir a los grandes mientras podamos hacerlo los pequeños.

Fô-Bouré y su autogobierno

Nos dejó un alentador mensaje: la capacidad de autogobierno y autosuficiencia en materia de tecnologías de agua y energía y organización social básica, en las comunidades que el propio Juan Pablo tutelaba hasta hace unas emanas. Sin obviar el liderazgo moral de la Misión católica, Juan Pablo muestra confianza plena en el futuro desenvolvimiento, con medios propios, de aquella inmensa parroquia misional, cuyos habitantes cuentan desde hace varios años con escuelas, agricultura productiva, cooperativas de mujeres, agua potable y energía para sus necesidades primarias. Ése es su legado.

Hora final para la Misión

La página web que nos contaba tantas cosas de Fô-Bouré no anuncia su cierre. “Con la despedida de Juan Pablo, la misión de Fô-Bouré no será más la misión dependiente de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño”, si bien se mantendrá la vinculación con todos los riojanos.
Sin embargo, algunas –muchas, tal vez- cosas- comienzan a cambiar en Fô-Bouré. La página web que nos contaba tantas cosas de la misión nos anuncia su cierre. Más aún: “Con la despedida de Juan Pablo, la misión de Fô-Bouré no será más la misión dependiente de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño”, si bien se mantendrá la vinculación con todos los riojanos.

Juan Pablo Reunion de trabajoMás cerca de Esf

Juan Pablo ya está en su Logroño natal, recobrado para la felicidad de su madre. Le toca ahora disfrutar de las celebradas calderetas, asaduras y guisos riojanos, bien ilustrados con el vino de la tierra, ese prodigio que, sin embargo, nuestro cura “africano” (tiene pasaporte beninés)apenas lleva a sus labios.
Nos quedan unos fecundos años por delante con Juan Palo a la cabecera de nuestra mesa de trabajo, orientando y guiando con su mano a nuestro arado, para hacer surcos cada vez más rectos. Hemos ganado un asesor impagable y un poderoso animador de nuestra obra. Ya sabes, Emilio, hay que nombrarlo sin demora “Voluntario de Oro de Esf”.

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