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Las mujeres rurales cargan agua, enfermedades y cansancio

El pasado 15 de enero se inició el proyecto “Juntos, por el desarrollo de Waslala”. Su propósito principal es proporcionar infraestructuras de suministro de agua potable y saneamiento a dos comunidades de la municipalidad de Waslala (Nicaragua) y está financiado por la AECID, promovido por Energía sin fronteras y ejecutado por la asociación local El Porvenir.

Ser mujer y vivir en la ruralidad es una realidad difícil. Estas son las historias de algunas habitantes de la comunidad Angostura, Waslala (Nicaragua).

 

 “A mi niña de cinco años la llevé grave con una bacteria que es del agua (Helicobacter pylori). Primero le dio dolor en la barriga y fiebre. El doctor le dio tratamiento por 10 días, le mandó a comer solo verduras, si le doy otra cosa le duele el estómago y se le inflama”, relata Hazel Miranda.

 

Hazel es líder de salud en su comunidad. Parte de su rol es asegurar que todas las personas, en especial la niñez, reciban sus vacunas y sepan cómo prevenir las enfermedades comunes. Sin embargo, la falta de agua potable la ha convertido en madre cuidadora.

 

“Todos los días me levanto a las cinco de la mañana. En días de semana lo primero es llevar a la niña al río, bañarla ahí y alistarla para la escuela. Después acarrear el agua, mis dos hijas mayores y yo traemos pichingas (bidón) de 20 litros cada una y la niña trae uno de cinco litros, para los quehaceres”, detalla.

 

Acarrear el agua, es lo más duro. Para solventar el problema del agua, algunas familias de Angostura pagaron para que una comunidad vecina, les anexara a su sistema de agua potable, pero las distancias debilitan la presión natural y no siempre les llega. Este es el caso de Sayda, quien es líder comunitaria y también estuvo enferma con Helicobacter, el médico le dijo que es por el agua.

 

“En verano casi hay días que el agua no llega del todo, entonces toca acarrear, ir a lavar y bañarnos en el río, y esa no es agua buena. Además, uno regresa agotado y hay que hacerlo de mañanita o en la tarde”, dice Sayda Espinoza, quien es líder comunitaria y dueña de una tienda de productos varios. 

 

Lidia, Kenia, Yesly, Hazel M y Hazel L, coinciden en que lo más duro es eso, el acarreo. Y las que más sufren son las mujeres, porque en la ruralidad de Nicaragua, en muchas comunidades, esta es una tarea que ha sido históricamente asignada a mujeres y niñas.  La llegada del agua cambiará la historia de las próximas generaciones de esta comunidad.   

 

Angostura tendrá un sistema de agua potable por gravedad. El proyecto será una realidad gracias al apoyo de Energía sin fronteras, la AECID y el trabajo de la organización local El Porvenir, esta última se encarga de trabajar hombro a hombro con la comunidad y coordinar todas las acciones. 

 

“En mi casa acarreamos agua dos veces al día. En la mañana y en la tarde, mis dos hijas mayores, la chiquita de cinco años y yo. Me he caído varias veces porque es pesado”. Hazel Miranda.

 

“Las que más sufrimos la falta de agua somos las mujeres. A los hombres les vale, ellos se van a hacer sus cosas y ya”. Lidia Hernández.

 

“Comencé a acarrear agua desde los ocho años, me daban un galoncito, después tenía que ordeñar las vacas y limpiar el corral”. Kenia González. 

 

“El día que no tenemos agua es triste, porque la luz es solo de noche y uno soluciona, manda a cargar el celular. Pero con el agua no, peor en invierno porque no podemos beber”. Sayda Espinoza. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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