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Llevar electricidad a la última milla en América Latina y Caribe

América Latina y el Caribe ha sido una de las regiones en donde se ha tenido mayor éxito en llevar electricidad a todas las personas. Desde una tasa de acceso del 80% de la población en 1990 hasta la cifra actual del 97,6% se ha recorrido un gran camino basado principalmente en la extensión de redes eléctricas. Pero esta fórmula no ha sido capaz de acercar esta energía a aproximadamente 17 millones de personas, “la última milla”, que por las características de su hábitat y su débil economía necesitan modelos de electrificación diferentes de los empleados hasta ahora. 

Los valores de la tasa de acceso a la electricidad en América Latina y el Caribe llevan varios años estancados. Una de las causas es el agotamiento del modelo tradicional de extensión de redes y el fallo o retraso en la implementación de otro nuevo, basado en sistemas descentralizados fuera de la red con tecnología solar. Por otra parte, las poblaciones no atendidas todavía son mayoritariamente poblaciones que viven en lugares aislados de difícil acceso y con economías prácticamente de subsistencia. Subsanar estas situaciones requiere nuevas aproximaciones tecnológicas, institucionales y regulatorias que en conjunto requieren decisiones decididas y sostenidas de los gobiernos y otras autoridades regionales y locales. Conviene recordar que, a día de hoy, seis países, México, Guatemala, Honduras, Haití, Colombia y Perú, tienen más de un millón de personas en su territorio sin acceso a la electricidad.

Electrificar la última milla en América Latina y el Caribe mediante sistemas descentralizados solares es posible, pero requiere modelos “ad hoc”. En la actualidad se consideran dos tipos de intervenciones: el modelo de servicio en el que una empresa, generalmente microempresa, garantiza el suministro, a través de una cuota o tarifa a los beneficiarios y cuenta con subvención gubernamental para asegurar su viabilidad. En el segundo tipo de modelo, los usuarios adquieren sus equipos solares, pero requieren de una subvención o apoyo financiero para su compra y de la intervención de las autoridades locales de manera que se garantice la apropiación de la comunidad del proyecto de electrificación en condiciones adecuadas de calidad, socialización de la solución y mantenimiento a largo plazo. Energía sin fronteras defiende este segundo modelo que considera que se adecúa más a las necesidades y posibilidades de pago de las comunidades de la última milla, y que ha implementado con éxito en el Departamento del Yoro en Honduras para cerca de 2.000 familias.

Con independencia del modelo la reflexión es clara: se deben continuar los esfuerzos para animar a todos los agentes implicados, especialmente los gobiernos, a seguir electrificando hasta “la última milla”. Esta labor de ejercer influencia y sensibilizar está también dentro de la actividad de Energía sin fronteras que, a través de la Mesa de Acceso Universal a la Energía (MAUE), participa en la redacción de un informe para la Cumbre de Jefes de Estado Iberoamericanos que se celebrará el año próximo en Madrid y cuyo objetivo es claro: conseguir energizar la última milla en Iberoamérica. No dejar a nadie atrás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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