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Luz para una escuela y su comunidad en Costa de Marfil

 Por Laureano Medina

Entre los días 25 y 31 del pasado mes de enero tuve la oportunidad, junto con Sancho Bejarano, de viajar a Costa de Marfil. Nuestro destino fue Kongonouan, un pequeño pueblo situado en la región de N’Zi, dentro del departamento de Bocanda S/P Bengassou. El motivo del viaje era la recepción provisional del Proyecto de instalación fotovoltaica aislada en la escuela de Kongonouan, la constitución del comité de gestión y la transferencia de la propiedad de la instalación a los beneficiarios, que en este caso es la propia escuela y, por extensión, toda la comunidad.

 

El proyecto nace con una finalidad clara: mejorar las condiciones de la escuela mediante la dotación de iluminación en las aulas y en las viviendas del profesorado. Algo tan sencillo como disponer de luz tiene un impacto directo en el aprendizaje del alumnado, en el trabajo diario de los profesores y en la calidad de vida de quienes viven allí. En muchos casos, esta mejora supone un motivo decisivo para que los docentes decidan permanecer en la escuela y no solicitar traslado a zonas con mejores infraestructuras.

 

Cada mañana, para llegar a Kongonouan desde Dimbokro, donde se encontraba el alojamiento más cercano, necesitábamos unos 45 minutos de viaje. La mitad del recorrido transcurría por carretera y la otra mitad por caminos de tierra. Apenas había tráfico; alguna moto ocasional y personas, principalmente mujeres acompañadas de sus hijos pequeños, que se dirigían a recoger leña, ñame o mandioca, alimentos básicos de su dieta diaria, junto con el plátano, el arroz y, en el mejor de los casos, algo de carne procedente de animales criados por ellos mismos.

 

Al colegio asisten 201 alumnos, educados por 6 profesores que residen en viviendas situadas a la espalda de las aulas (beneficiarios directos), en una población de aproximadamente 1.200 habitantes (beneficiarios indirectos).

 

Llama especialmente la atención una pizarra situada en la pared de un despacho, antesala del cuarto destinado a la instalación de los equipos, en la que se muestra la distribución de alumnos por edades, sexos y niveles. En el primer nivel (CP1) hay un total de 57 niños de entre 5 y 8 años, con una distribución de sexos relativamente equilibrada. En el segundo nivel, las edades oscilan entre los 6 y los 8 años. En el tercero, entre los 8 y los 10 años, ya se aprecia un menor porcentaje de niñas respecto a los niños, y en el cuarto nivel la presencia de niñas disminuye drásticamente. En los dos últimos niveles, la caída del número de alumnos de ambos sexos es manifiesta, y especialmente acusada en el caso de las niñas. Los cursos no se organizan por edades, sino por niveles, existiendo diferencias de hasta cuatro años entre alumnos del mismo nivel. La edad máxima reflejada en la tabla es de 12 años, con un alumno y una alumna. Estos datos, por sí solos, explican la magnitud del reto educativo al que se enfrenta la comunidad.

 

La instalación, que consta de 26 paneles de 640 Wp, con una potencia total de 14.040 Wp, cuatro reguladores Victron MPPT 250/100 y tres módulos de baterías Pylontech, con una capacidad total de 15 kWh, permite suministrar electricidad de forma autónoma a la escuela. Gracias a ella, las aulas pueden contar con iluminación adecuada y los profesores disponen de mejores condiciones de vida en sus viviendas. Más allá de los equipos y la tecnología, el verdadero valor de la instalación reside en las oportunidades que genera para el aprendizaje y el desarrollo del alumnado.

 

Queremos agradecer especialmente al Cabildo de Tenerife y a IGNIS la financiación de este proyecto, cuyo impacto va mucho más allá de la inversión económica realizada.

 

Durante nuestra estancia pudimos comprobar que la instalación funciona correctamente y que ya está contribuyendo a mejorar las condiciones de enseñanza. Aunque los efectos más profundos solo podrán apreciarse con el paso del tiempo, estamos convencidos de que a corto y medio plazo se traducirán en una mayor estabilidad del profesorado y en una mejora real del rendimiento escolar.

 

La ejecución del proyecto ha sido muy satisfactoria. Las pequeñas incidencias detectadas se resolvieron sobre el terreno sin dificultad y en un clima de total entendimiento. La empresa instaladora realizó un excelente trabajo. Además, se impartieron sesiones formativas tanto para el conocimiento y mantenimiento de la instalación como para la concienciación sobre el uso responsable de la energía, y se constituyó un comité de gestión que velará por su correcto funcionamiento.

 

Confiamos en que este proyecto contribuya a reducir el analfabetismo en las nuevas generaciones, a mejorar la calidad de la enseñanza, a favorecer la permanencia del profesorado y a disminuir la brecha educativa entre niños y niñas.

 

Nuestro agradecimiento a todas las personas que han hecho posible este proyecto; voluntarios, personal de Esf, empresa instaladora y, por supuesto, las entidades financiadoras.

 

 

 

 

 

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