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                                                                                                     Por Ximena de Diego

Comencé en Energía sin fronteras en octubre de 2018 tras acabar el Máster en Ingeniería Industrial. Desde hacía mucho tiempo, deseaba pasar un año ayudando en África, donde poder poner en práctica todo lo aprendido en 6 años de estudio. Me pasé todo el verano buscando por internet, pero no conseguí dar con ninguna ONG que encajase con mis valores, ya que solo encontraba ofertas de “vacaciones solidarias”.

Tras varios meses de búsqueda, y habiendo tomado la decisión de empezar a trabajar, di por casualidad con la web de Energía sin fronteras. Rellené el formulario de solicitud de voluntariado y a los pocos días me contactaron y me ofrecieron la oportunidad de unirme al grupo de sostenibilidad, que estaba empezando a crearse.

Cuando conocí la forma de trabajo de Esf, me quedé fascinada. Primero, por la estructura de la ONG, siendo todos voluntarios salvo dos personas asalariadas; segundo, por el alcance de sus proyectos alrededor del mundo abarcando España y varios países de África y Latinoamérica; tercero, por su forma de trabajar donde se desarrollaba todo el proyecto desde España y se viajaba lo justo y necesario; y, finalmente, por la importancia que se da a la sostenibilidad de los proyectos, haciendo partícipes a los beneficiarios desde el comienzo para que lo sientan como propio y sean capaces de mantenerlo ellos mismos a lo largo de su vida útil.

Al comienzo de este año, tuve la ocasión de viajar a Camerún, país en el que se concentran todos los proyectos en los que trabajo. Pude ver en persona tres de ellos finalizados y conocer futuras oportunidades en las que poder trabajar.

Durante el viaje, me di cuenta de lo esencial que es que los realicen equipos formados por el jefe del proyecto, el responsable técnico y el responsable de sostenibilidad. Gracias a esto, cada persona puede enfocarse en su trabajo, y recabar informaciones de distintos ámbitos pero complementarias para el objetivo final.

Tras el viaje, reafirmé la importancia de trabajar con una contraparte in situ y que ésta conozca al responsable de sostenibilidad desde el inicio del proyecto, para así poder crear un vínculo. Desde el grupo de sostenibilidad consideramos que la clave del éxito de los proyectos es tener una buena comunicación con la contraparte y los beneficiarios.