DESDE EL CORAZÓN DE ÁFRICA 

En nuestra #semanadeáfricaEsf hemos tenido la suerte de contar con el testimonio de una de nuestras socias locales en Benín. Hemos entrevistado a Lelia Inés Bulacio, responsable de la congregación de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Con ellas estamos trabajando en Kpari, en un proyecto de acceso a la energía para la biblioteca que acoge la escuela para niños y niñas de entre 9 y 15 años, excluidos del sistema escolar. Esta escuela les ofrece la posibilidad de tener un título académico y aprender un oficio.

Preguntamos a Lelia por su visión del continente, su experiencia allí y su futuro.

-¿Cómo celebráis el día de África en Benín?, ¿qué significa este día para ti y para la comunidad?

Con nuestros chicos y chicas en la escuela intentamos crear conciencia pero no es una fiesta que tenga una trascendencia particular en Kpari. Sin embargo, para nuestra comunidad sí que es importante, no solo porque es el día de África, sino porque hoy cumplimos 24 años de fundación aquí en Benín, así que hoy es nuestra fiesta.

Felicidades

Recuerdo aquellos primeros pasos en Benín, 24 años atrás. Me ha tocado ser testigo de la fundación y mantener hasta hoy esta apuesta. Intentamos transmitir a la gente con la que convivimos esta felicidad nuestra, intentamos inculcar la conciencia de pertenencia a un país, a un continente con una identidad propia y a nuestra misión, formada también por ellos.

¿Qué cambios has visto en estos 24 años?

Se han visto muchos cambios positivos y algunos también negativos. Positivos: la estructura de caminos, escuelas, sanidad ha ido mejorando, se ve un esfuerzo por ofrecer mejores servicios a la población… Todavía queda mucho por hacer, sobre todo a nivel de educación; a nivel de salud hay un poco más de conciencia, especialmente en el tema de la vacunación. Cuando nosotras llegamos, el 90% de los niños no se vacunaban. Hoy hay un esfuerzo importante para llevar a los niños a vacunarse en la mayoría de las mamás. El Estado ha apostado por acercar las vacunas y algunos centros de salud a estas zonas más desfavorecidas. Nosotras hemos hecho un esfuerzo, junto con algunos agentes de salud, por la sensibilización sobre malnutrición y vacunación.

-En el tema de la mujer, ¿has visto algún cambio?

En el tema de la mujer es en el que estamos más retrasados. Aparecen problemas nuevos, como las chicas que quieren acceder a la educación, los padres que no entienden la necesidad de apoyar en la escuela a las niñas y mujeres, no favorecen sus tiempos de estudio, de descanso, para que puedan rendir en la escuela. En los talleres de costura y peluquería, donde muchas mujeres estudian, queda mucho por hacer, falta mucha protección de sus derechos. Estos espacios se convierten en lugares de abuso y explotación con verdaderos sistemas de esclavitud muchas veces, así que aquí hay una deuda grande con respecto a la mujer.

¿Cómo ves el futuro del continente?

Yo veo el futuro del continente con esperanza. Creo que es un continente con mucho potencial porque tiene una población joven con muchas ganas, que tiene que buscar su propia identidad y su propio camino. Tienen que ir apareciendo figuras, líderes positivos que apunten hacia el desarrollo, hacia el bien común.

¿Qué es para ti África?

Primero me sale decir que África es mi casa. A pesar de que no nací aquí, se ha convertido en mi casa. Todos amamos nuestra casa y la miramos con mucho cariño y nos cuesta dejarla cuando hay que cambiarnos.

Por otro lado, diría que África tiene un inmenso sol y una inmensa energía. Un sol que está dentro del corazón de las personas. Está físicamente presente en sus rayos solares que son una energía importante.  África es, tiene que ser, para el mundo, un pozo de esperanza, de renovación y no una amenaza.

¿Cómo ha sido tu recorrido en África en estos 24 años?

Llegamos aquí como latinoamericanas bastante pobres, con una mano delante y una atrás, como se suele decir, con muchas ganas de estar y compartir. Nos encontramos con gente muy acogedora que nos abrió el corazón, su casa, estrechó lazos y eso nos permitió hacer camino rápidamente. Diría que los primeros 15 años fueron un poco arrolladores por traer tantas ganas y ver tanta necesidad y tanta pobreza, tanta desigualdad, que nos sentíamos siempre en deuda de hacer y hacer y dar y dar. Después, nos dimos cuenta que no. Que era más importante marchar al ritmo de la gente y no atropellar procesos ni apurarlos y entonces empezamos a caminar más lento, pero más seguros.

En estos  años, ¿destacarías algún proyecto o alguna anécdota que te haya cambiado?

¡Hay tantos! Como proyecto muy querido destacaría el proyecto con las mujeres. El trabajo en los graneros de seguridad alimentaria, donde se ha creado una conciencia de grupo, de gestión de sus propios recursos, para que en los tiempos de sequía tengan alimento. Empoderarlas como grupo y como mujeres, frente a los maridos y la sociedad.

Después, destacaría la Escuela, nuestro proyecto PAEFE (Proyecto de ayuda y formación a la infancia excluida del sistema educativo), para recuperar los niños  y niñas excluidos del sistema escolar. Cada día me levanto y voy al encuentro con los chicos, doy gracias a Dios por este proyecto, porque creo que ha sido un verdadero acierto. Cada niño nos ha abierto la puerta al mundo particular de sus familias, sus problemas, sus aldeas de origen…  Nos han permitido conocerlos y acompañarlos en esta etapa de paso de la niñez a la juventud. Alargar esa infancia, donde el niño y la niña sean protagonistas, es uno de los objetivos.

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