Por María José Sànchez (1)


FOTO N3 Junio 19Soy voluntaria de Esf desde Mayo del 2017. Me incorporé porque escuché por la radio a un compañero de la Fundación explicando cómo a través de la energía también era posible cambiar y mejorar este mundo desigual en el que vivimos. Me gustó mucho el mensaje, porque a pesar de la insignificancia de esta organización en el maremágnum general, explicaba algunos proyectos donde se estaba consiguiendo mejorar la vida de algunas comunidades, simplemente con un panel fotovoltaico.

Asistí a la charla de bienvenida y allí nos explicaron que esta aventura de Energía sin Fronteras no es la solución total, no vamos a conseguir eliminar todas las desigualdades del planeta, quizás no seamos más que un charquito en la inmensidad del desierto o, como diría Ramón Calvo, “una piedra de la catedral de Burgos”; sin embargo, cuatro pozos de agua y unas cuantas farolas pueden cambiar la vida de muchas personas, y disponer de agua y energía significa poder tener escuelas y unos servicios sanitarios mínimos que harán que la comunidad prospere.

Desde que estoy con Esf, me he familiarizado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, he conocido proyectos que compañeros nuestros están llevando en lugares perdidos de África, he disfrutado escuchando las vicisitudes a las que se enfrentaban, nos han explicado qué son las cocinas mejoradas y, lo mejor de todo, he coincidido con unas personas estupendas a las que ya considero amigos.

El grupo en el que colaboro es el de Base Social, recién nombrado Grupo de Voluntariado. No puedo dejar de mencionar a estos nuevos amigos: Lola, Pilar, Mercedes, Ramón, Isabel, Eduardo, Jesús, Irene... y José María, al que echamos mucho de menos. ¡Te queremos ver pronto por allí, que el equipo te reclama, José María!! La tarea que hacemos es variada: buceamos en la jungla del Joomla para tener al día los listados de voluntarios activos, inactivos, solicitantes, simpatizantes, asignables..., nos ponemos en contacto con las personas que se interesan por la organización e intentamos que encuentren un hueco dentro de Energía sin Fronteras. A veces es difícil porque los proyectos no son tantos como nos gustaría y muchos nuevos voluntarios que quieren colaborar con nosotros, tardan en hacerlo.

Las reuniones de grupo suelen ser mensuales, unas más largas que otras; a veces las prolongamos en el bar de la esquina y, aunque realizamos una tarea discreta, intentamos hacerlo lo mejor posible. Me siento contenta porque pienso que somos un eslabón de una cadena muy extensa que llega a muchos rincones, y espero que Esf pueda continuar realizando proyectos en Malawi, Benín, en el Urubamba, en Camerún, en Guatemala y en muchos más lugares de este extenso planeta.

Pie de foto: María José Sànchez, ingeniera técnico topógrafa, está adscrita al área de Base Social (Voluntariado) de Esf.