N1 julio 19Lucila Izquierdo dejó el pasado mes de junio la presidencia de la Junta Directiva con el reconocimiento de todos nosotros. Deja una impagable hoja de servicios en esta casa, como inspiradora de doctrina (es una notabilísima estudiosa del mundo de la Cooperación) y como gestora de larga experiencia y pulso firme.

Pero no se va, sino muda su dedicación al campo de los Estudios que ella misma inició en Esf hace quince años. Hacemos un urgente repaso a sus seis años de presidencia.

--Llegaste a Esf como voluntaria en 2004, ¿Qué han representado para ti estos años en Energía sin fronteras?

En la vida de todos existen algunas certezas, muy pocas, y muchas dudas. Puedo decir que una de mis certezas es que estos años en Esf han sido los más enriquecedores de mi vida. Tanto en lo personal como en lo “profesional”, si se puede llamar así al trabajo como voluntario. En Esf he encontrado maestros, amigos, compañeros, todos estupendos, pero también he encontrado retos, un proyecto apasionante y un objetivo de alto valor. ¿Se puede pedir más? Te puedo asegurar que hoy no soy la misma persona de hace 14 años. Lo que más ha influido en este cambio ha sido la distinta concepción del mundo que me ha enseñado Esf. Hoy veo un mundo más global, más complejo, más injusto, y cada vez más desigual; cambiarlo es un objetivo por el que vale la pena trabajar.

-- ¿Qué retos ha tenido que superar Esf en estos años?

Distintos en cada momento. En un principio, conseguir ser aceptados en el sector de las ONG. Nos veían como una fundación empresarial, como intrusos en el tercer sector. Las empresas eran, entonces, el enemigo a combatir. Todavía no teníamos muchos proyectos “físicos”, por lo que nuestra mayor arma eran los estudios y la sensibilización. El proyecto/estudio REGEZRA fue uno de nuestros mayores aliados en esa época. Más tarde vino la crisis económica y el reto fue sobrevivir. Muchas ONG han desaparecido en estos años. Nuestro valor para superar esta crisis han sido los voluntarios. Superar la falta de financiación ha sido posible solo a base de esfuerzo y horas de trabajo que nadie paga. Ahora el reto es adaptarnos al cambio que está teniendo la cooperación al desarrollo en todo el mundo, el cambio tan importante que impone la Agenda 2030. Ahora tenemos un “Plan Estratégico universal” que nos obliga a todos a trabajar de otra manera. Con un enfoque más ambicioso de los proyectos y con necesidad de alianzas.

--¿Cómo crees que ha cambiado la Cooperación al Desarrollo en estos años?

A lo largo de estos años ha ido cambiado, muy lentamente, la forma de hacer cooperación. Se ha pasado de un concepto más filantrópico, para atender problemas humanitarios de los más pobres, a una percepción de responsabilidad social de todos ante la falta de derechos y las desigualdades. Lo están entendiendo así todos los actores, también las empresas, que ya no son el enemigo, sino el aliado necesario para superar los retos del mundo. Esta nueva Agenda del Desarrollo, en mi opinión, va a ser el catalizador de muchas cosas, si somos capaces de alinearnos todos con ella.