N2 Julio 19La aventura comenzó en marzo de 2015. Tres destacados voluntarios de Esf, José Ignacio Carbajo, Maryse Labriet y Emilio Alfonso, desplegaban sus conocimientos para ofrecer apoyo técnico a un macroproyecto de electrificación fotovoltaica en una zona deprimida del sureste de Mali. Hoy pueden hablarnos de resultados y así lo hicieron el pasado 22 de mayo en una de nuestras habituales sesiones informativas del Instituto de Investigaciones Tecnológicas de ICAI, en Madrid.

¿Qué alcance tiene el proyecto, en líneas generales?

Jose Ignacio: Es un proyecto de 2,6 M€, financiado por la Unión Europa (1,5 M€) y Plan International. Su objetivo era desarrollar el acceso a servicios energéticos modernos de 30 comunidades rurales (unas 22.000 personas) de la comuna de Kita, a 200 km al oeste de Bamako, la capital de Mali.
Maryse: Incluye la electrificación fotovoltaica de escuelas, centros de salud, plazas públicas, pozos de agua, molinos, kioscos solares, la instalación de secaderos, de calentadores de agua y de cocinas mejoradas. Además de la capacitación y el empoderamiento de mujeres para desarrollar actividades productivas, y el análisis del marco regulatorio del sector energético de Mali.

■ ¿Quiénes eran los otros socios?
Emilio: Plan International era el coordinador. La Agencia Maliense de las Energías Renovables estaba encargada de los aspectos técnicos como el dimensionamiento, las capacitaciones técnicas, la supervisión de las instalaciones. La ONG maliense CAEB estaba encargada de la dinamización local, en las comunidades.

¿Qué función le correspondió desarrollar a Esf en su condición de socio del proyecto?

M: Esf tuvo un rol triple.
1) Asesoramiento y apoyo técnico para el diseño y el proceso de compras de las instalaciones fotovoltaicas.
2) Asesoramiento estratégico, es decir, el análisis del marco institucional del sector energético para identificar propuestas concretas que contribuyan a la sostenibilidad y la escalabilidad del acceso a las energías renovables en comunidades rurales aisladas. En este contexto, Esf desarrolló una relación de trabajo muy colaborativa con el director de la Agencia de las Energías Renovables de Mali.
3) Y finalmente, un rol que ahora, forma parte del ADN de Esf: el apoyo a la sostenibilidad del proyecto.

■ ¿Qué transformaciones positivas se aprecian ya en Kita y su entorno con la a puesta en marcha del proyecto?

M: Muchas. Más de 80 mujeres encargadas de actividades productivas, 5 empresas de comercialización de cocinas mejoradas, más de 1000 niños que fueron a estudiar en las escuelas durante la noche en 2017, 265 partos nocturnos con acceso a la luz en 2017, casi 10000 niños vacunados con la ayuda de las neveras solares, 272 kg de productos secos generados en un año, 136 toneladas de productos molidos, 8500 personas que se benefician de modos de cocción más eficiente. Y mucho más.

Como técnicos sensibilizados con los temas de la Cooperación, ¿qué os ha aportado personalmente esta experiencia en Mali?

J I: El conocimiento en el terreno de la situación de un país ahora conflictivo de África. Las dificultades de la cooperación en equipos multiculturales.
E: Conocer la realidad y las necesidades energéticas de un país como Mali.
M: Aceptar que asesorar no es decidir lo que al final se implementa en el terreno. Y... volver a trabajar con colegas malienses que había conocido hace más de 20 años, cuando estuve en África por primera vez.

¿Qué papel podría jugar en el futuro Esf como socio en este tipo de alianzas con grandes actores de la Cooperación?

J I: Asesoramiento técnico y sostenibilidad, regulación, coordinación con organismos de Cooperación. Este proyecto es la prueba de que Esf puede ofrecer estos servicios.
M: Y para concluir, una idea concreta: seguir explorando y promover el tema de la gestión adecuada de las baterías. Recogimos ideas iniciales en el proyecto de Mali: quizás interese a algún miembro del patronato o a los amigos de Esf seguir con el tema.