Por Beatriz Adrados (1)


N4 Julio 19Durante los últimos años de mi vida laboral, desarrollada en una multinacional de las Telecomunicaciones, aunque a gusto en el trabajo y con los compañeros, me sentía algo insatisfecha al entender que las funciones que realizaba no tenían una repercusión directa positiva en la sociedad (o al menos yo así lo veía). Sentía la necesidad de palpar los resultados de las horas de dedicación. Como soy afortunada en esta vida, tuve la oportunidad de acogerme a un ERE y de conocer Energía sin Fronteras a través de familiares, circunstancias ambas que me permitieron comenzar mi colaboración con Esf a principios del 2015.

.. Y aquí, cooperando con Energía sin Fronteras, fue donde encontré lo que había echado de menos, aquí SÍ podías palpar el fruto de tu esfuerzo, aquí SÍ te sentías útil, aquí SÍ veías el rendimiento de tu entrega.

Mi primera aportación a Esf fue, en el departamento de Aprovisionamientos, para el proyecto de Nyumbani en Kenia. Aprendí mucho de fletes, aduanas y contenedores. Entre todo el equipo conseguimos electrificar las casitas de la aldea de “Los Mil huérfanos”. Estuve presente en la entrega oficial del proyecto y el hecho de encontrarte con más de mil personas dando las gracias a los que habían llevado la luz a sus casas fue realmente emocionante, no menos que el de una abuela de la aldea agradeciéndotelo en suajili; la mirada y el gesto lo decían todo. Esa foto me acompañará siempre en la memoria.

Después me incorporé a un proyecto en Coatecas Altas (Oaxaca, México) junto con la ONG Save the Children, con el objetivo de proporcionar agua y electricidad a escuelas y centros de salud de cinco aldeas de ese departamento. En el viaje de caracterización en el terreno conocí a gente muy interesante que había sido capaz de reponerse de grandes desgracias y sufrimientos. Y... que seguía adelante... ayudando a sus compatriotas. Allí entendí bien el concepto de trabajo comunitario, la población colaboró activamente en la realización de los proyectos de agua, ejecutados de manera muy sostenible aprovechando los materiales existentes en la zona. ¡Es increíble la de cosas que se pueden conseguir con poco dinero y mucha participación!

Actualmente estoy involucrada en un proyecto con Ayuda en Acción en la Mosquitia hondureña, electrificando una escuela y un centro de salud de una comunidad poblada por indígenas miskitos. El pueblo Miskito ha vivido siempre en una relación armoniosa con la naturaleza, manteniendo intactos los recursos naturales.

La zona, segunda reserva de la biosfera, es de las más bellas en las que haya estado en mi vida: repleta de manglares, recorrida por ríos caudalosos, bañada por el Océano Atlántico; en definitiva, de una naturaleza exuberante. Pero, siempre tiene que haber un pero, son los grandes olvidados de su país, con pocas comodidades y muchas, innumerables necesidades.

A pesar de todas las precariedades, los beneficiarios de nuestros proyectos nos transmiten su amor a la naturaleza y su solidaridad con los más desfavorecidos.

Y ¿qué enseñanzas he extraído yo de estas experiencias? Tengo que confesar que mi implicación con EsF me ha hecho reflexionar no solo sobre lo afortunados que somos por vivir en un mundo privilegiado en el que no nos falta de nada, con las necesidades primarias cubiertas e infinidad de posibilidades para “realizarnos”, sino también sobre las cosas que hemos perdido o estamos perdiendo, el amor a la naturaleza, el poder de la conversación, el respeto a los mayores, el valor de las pequeñas cosas y de las tradiciones...Al tiempo he aprendido a relativizar las adversidades y a sonreír a la vida, aun cuando a veces parezca que no está siendo amable conmigo.

(1) Beatriz Adrados, ingeniero de Telecomunicación, es voluntaria y actualmente responsable del proyecto Mosquitia-Honduras, de Esf.