Por Vanesa Martos (1)

 

N7Marzo2020He tenido la oportunidad de viajar en varias ocasiones a diferentes países de África y he podido constatar la gran diferencia a nivel de desarrollo entre este último continente y Europa. Existe una alta tasa de enfermedad entre la población, así como un elevado nivel de pobreza y escasez de recursos económicos.

La falta de desarrollo en África se atribuye en primer lugar al colonialismo: años de ocupación que impidieron el desarrollo autóctono de forma natural. Asimismo, la división fronteriza entre países corresponde a líneas rectas en un mapa creadas a capricho de los colonos europeos; una repartición de terreno antinatural que no se encuentra en armonía con los asentamientos y etnias que habitan los diversos territorios, y que produce finalmente multitud de conflictos. Estos conflictos, aún muy numerosos y duraderos en el tiempo, impiden el progreso y minan la voluntad de la población.

Por último, a todo esto, les siguen las políticas adoptadas por los gobiernos, que no han centrado sus esfuerzos en la creación de infraestructuras y formación del capital humano, sino en el enriquecimiento de unos pocos.

De ahí que cuando uno puede comprobarlo de primera mano, se siente muy afortunado de haber nacido donde ha nacido, de no haber pasado hambre, y de ni siquiera cuestionarse si tener agua corriente en casa es algo por lo que deba estar agradecido. Yo creo que es importante intentar invertir parte de esa suerte en ayudar a los demás, sobre todo a aquellos que lo tienen tan difícil.

Por qué ayudamos a cierto grupo de personas y no a otros, es una cuestión que me ha “golpeado” alguna vez en algunos de mis viajes, aunque por algún punto hay que empezar. Asimismo, creo que nuestro pequeño granito de arena no solo aporta beneficio a los que lo reciben, sino también a los que nos rodean, que a veces se sienten contagiados del mismo espíritu.

¿Qué podemos hacer para ayudar a los demás? Hay muchas formas de hacerlo: donaciones individuales, campañas de recaudación de fondos, talleres de voluntariado... Sin embargo, en Esf he encontrado a un grupo de personas que lo hacen de una forma extraordinaria: compartiendo conocimiento y tiempo. Aparentemente es algo muy sencillo, pero vivimos en una época en la que tenemos acceso a información de forma casi instantánea, compramos con un clic de ratón sin ni siquiera salir de casa y el tiempo ha alcanzado un valor incalculable para nosotros. Encontrarme con grandes profesionales que, no sólo aportan su gran experiencia en diversos sectores, sino que son capaces de destinar unas horas a la semana a ayudar a desconocidos, me causó gran admiración.

He podido participar en el proyecto de suministro de agua a un centro de ciegos de Bafia, en Camerún, y la experiencia ha sido muy enriquecedora. Ver a los ciegos cantando y bailando de gozo por contar con agua corriente y recibir vídeos de los ciegos con palabras de agradecimiento, no tiene igual. Espero poder seguir participando de esta gran iniciativa e invito a nuestros amigos y conocidos a unirse a este magnífico proyecto.

(1) Vanesa Martos, ingeniera industrial y voluntaria de Esf desde hace 2 años en el área de proyectos de África Occidental, trabaja actualmente en GHESA Ingeniería y Tecnología / Empresarios Agrupados Internacional.